El delirio de su tacto
Dama de la noche, yo inhalé su dócil presencia,
recorrí los estrechos pasillos de su inerte cuerpo,
destilabas fluidos de pasión, yo bebí de su esencia.
La virginidad escapó de su velo, víctima de mi acaloramiento.
Mis caricias fueron hasta su excitada sombra,
eran dos rostros semejantes, mi delirio del naufragaste,
su sombra se hizo carne y me arrojó a la alfombra,
veneré el toque de su piel pues fue abundante.
De su boca emanaban virtud de palabras,
que recorrieron la almohada hasta mis oídos delirantes,
¡Fuego que consume!, arte de caricias abstractas,
me hizo esclavo de sus besos, fui su copa, fui su amante.
Eres el arte de mis viejas cuerdas,
eres mi señuelo, mi inocencia y mi delirio,
sé mi sueño, quiero que amanezcas a mi izquierda,
¡No!, no quiero despertar pues la realidad sin ti es mi martirio.
Cartas al poeta · 0
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