El yugo del cacique
Un nuevo día en la nirvana del Caribe,
el batey yacía repleto de pequeños correteando,
el Dios Sol fulguraba tenue sobre el prado,
mas aún brillaba mi hembra con sus arrequives.
Borinquén mi linaje, mi suelo firme te enaltezco,
tierra que me honra con la yuca y la batata,
humilde me deleitas con la arepa y el casabe,
con un techo en el bohío de mis ancestros, ya muertos en batalla.
El fuego en la fogata subía al alto cielo inexplorado,
cielo que el mensajero Guaraguaó surcaba muy soberbio,
todo era apacible, manso, plácido, sosegado,
y el Batey nos alegraba con nuestro Batú o con el Areíto,
Hasta que un día, circunstancia inesperada,
de 3 colosales canoas se bajaron ellos trepidantes,
¡Hijos del Sol!, eran Dioses de piel blanca,
con ornamentos brillantes y calzados elegantes.
¡Bienvenidos a mi tierra Borinquén!
Intercambiaron sus motetes por nuestro Oro y bienes,
pues aunque seres divinos pensé diligente,
no discerní lo que de verdad había en sus mentes.
¡Oh Yocahú!
¿Por qué oprimes a mi pueblo con esta epidemia?
Seres no terrestres que desenfundan espada,
y matan al Taíno sin presidir en la clemencia.
Fuimos esclavos de nuestro amable servicio,
pero ya el hombre blanco mostró debilidad al morir,
¡No son Dioses!, gritamos,
y ahora ha llegado su juicio.
Luchamos, yo les digo,
atacamos, nos defendimos, no cedimos,
mas sus armas nos herían muy profundo,
pero con gran rugido peleamos unidos.
¡Oh! mi dama ha perecido,
mi hijo de muerte herido, los bohíos arden en llamas,
todo está perdido.
Quiten del Cacique este yugo,
este peso que me agobia,
de haber perdido mi tierra,
de haber perdido mi historia.
-"Agüeibaná"
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